La Iglesia católica y la comunidad LGTB

El pasado 28 de junio, se conmemoraron nuevamente los disturbios de Stonewall, Nueva York, Estados Unidos, en el año de 1969, marcando el inicio del movimiento de liberación homosexual.​ Este día es conocido como el día del orgullo gay, o mejor dicho día del orgullo LGTB.  

La intención aquí, no es una reflexión teológica, no pretende ser una exploración científica-filosófica-psicológica de la homosexualidad, sino ver únicamente, que dice realmente la doctrina católica, más allá de los prejuicios que tengan los católicos o incluso el clero.  

Primeramente, es necesario situarse en la realidad. El mundo actual es muy diverso, hay una gran variedad de expresiones sociales, culturales, religiosas, étnicas, y en este caso sexuales. La diversidad en realidad, es algo propio del ser humano; en toda familia y círculo social, cada persona es diferente. Lo que ha cambiado, es que los medios de comunicación, las redes sociales, nos mantienen cerca de esa diversidad, nos hace más conscientes de este hecho. Sin embargo, también es cierto, que el mundo actual se muestra más tolerante a la diversidad, la educación abre la posibilidad de una formación individual del pensamiento. Hay un entorno más propicio para la libre expresión, y si bien hay muchísimo que hacer, si se ha estado avanzando.  

Ahora bien, la comunidad LGTB, como podrá verse, es una expresión de la diversidad, no la diversidad en sí misma. Habrá de entenderse, que hay personas que viven su sexualidad de manera diversa, esto porque existe la liberta humana. Lo que es fundamental, es que independientemente de la preferencia sexual, ante todo, somos personas, y como tal, se tiene una dignidad y respeto en sí. A nadie se le debe discriminar por el hecho de pensar diferente, por vivir distinto, sino ver que cada persona es un semejante y remitiendo a lo religioso, todos somos hijos de Dios, amados exactamente igual.  

Pareciera que esto dicho, no ha sido entendido por la Iglesia Católica, una institución que aparentemente, envejece cada vez más, una manera de pensar que pertenece a los sarcófagos y al medievo. Ciertamente, hay católicos e incluso sacerdotes homofóbicos, que se olvidan que un homosexual es una persona e hijo de Dios, levantando el dedo para señalar tal o cual cosa, pero también hay miembros de la comunidad LGTB que son anticristianos.  

En 1 de Corintios 6, 9-10, se lee: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No es engañéis! Ni los impuros, ni los idolatras, ni adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni los ultrajadores, ni explotadores, heredarán el Reino de Dios”.  

Este texto, pareciera que es muy claro, hay una condena directa a los homosexuales, empero, el texto hace referencia al pecado en sí, no sólo lo sexual, por eso se habla de los borrachos y ladrones. Pero independientemente de ello, de lo que si hay bastantes referencias, aún del mismo Cristo, es contra los fariseos, aquellos que se creían buenos y santos, pensándose autorizados para juzgar a los demás, cuando esto sólo le correspondería a Dios.   

Como he hecho, ciertamente hay católicos, algunos sacerdotes (aunque no todos) que han juzgado o ya de plano discriminado a la comunidad LGTB, en nombre de la verdad, de la naturaleza humana, sin embargo, habría que preguntarse qué tan verdaderamente cristianos son, porque tal vez se esté cayendo más bien en un fariseísmo. Cristo vino a ensañar el amor al prójimo, por el hecho de ser persona.  

Independientemente de todo, la doctrina católica en sí, la Iglesia Católica en sí, no odia a los miembros de la comunidad LGTB, esto tal como se ve en el #2358 del Catecismo de la Iglesia Católica “Hombres y mujeres con tendencias homosexuales, deben ser acogidos con respecto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”Como he hecho, si un cristiano, un católico juzga a alguien por el hecho de ser LGTB, entonces allí no se ha entendido el verdadero cristianismo, siendo la religión del amor.   

La tolerancia no basta, porque tolerar se acerca a soportar, se trata más bien de dialogar, aceptar y estimar a todos por el hecho de ser personas. 

 

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