Y eso que andas en la Iglesia…

Por David de Jesús Silva Mares.  

Cuando una persona que participa o asiste a la Iglesia Católica, pero que se considera no vive conforme lo que está predicando o creyendo, se suele decir coloquialmente “Y eso que anda en la Iglesia”. Esto no solamente ocurre para con los católicos, sino también con el resto de las profesiones religiosas, donde por ejemplo también se escucha “Y eso que anda predicando casa por casa”esto para referir a los cristianos quieren son los que suelen anunciar su creencia de esta manera, especialmente los Testigos de Jehová.  

Considero, que esta especie de reclamo no necesariamente es malo, de hecho es bastante positivo, puede ser una justa llamada de atención ante una manera incoherente de vivir. Es un hecho, que aquel que decide libremente asistir y frecuentar su propia religión, encara un compromiso personal pero a la misma vez comunitario. El creer en Dios, ante todo, debe convertirse en un compromiso existencial, en vivir lo que se predica, puesto que en caso contrario se está cayendo en hipocresía. Si una persona te dice “Y eso que andas en la Iglesia”, o bien otra frase similar, lo primero que tiene que presentarse es un cuestionamiento personal, analizar si realmente estoy viviendo lo que creo, si estoy dando testimonio o más bien es todo lo contrario.  

Muchas personas afirman que no asisten a misa, o bien, no practican la religión, porque los religiosos suelen ser los peores, los más hipócritas, y esto es bastante respetable, puesto que en algunas ocasiones suele ser cierto, puesto que lamentablemente, muchos no hemos asumido ese compromiso religioso en la vida, pero a la misma vez, esto es ya un acto de generalizar bastante, y las generalizaciones siempre llevarán al error o cuando menos a la imprecisión. Es cierto que la práctica religiosa no es para todos, que así como algunos prefieren el rock a la norteña, o bien se tienen más cualidades para el deporte que para con el dibujo, de la misma manera la sensibilidad e interés religioso varia bastante. 

De esta manera, no asistir frecuentar la Iglesia o alguna religión, no te convierte en un pagano o un pecador, pero al mismo tiempo, asistir frecuentar la religión no te hace inmediatamente un hipócrita. Por otro lado, también hay casos donde se confunde lo manso con lo menso; se piensa que asistir a la Iglesia o cualquier religión significa no enojarse con nada y con nadie, es aguantarlo todo, tener una paciencia infinita, unos nervios de acero, una sumisión absoluta, pero esto no es así, puesto que las emociones como el enojo, la desesperación, etc., son cosa humana.  

En realidad, muchas cosas, como el buen trato, los modales, la caridad, dependen en gran medida de la educación, de lo aprendido y vivido en la familia, que no se puede sustituir con una mera frecuencia de los actos religiosos, de allí que haya religiosos y no practicantes con maneras de ser poco asertivas. La vivencia religiosa, debe significar, asumir el compromiso de ir siendo mejor, de evitar cosas que pueden desagradar a Dios y perjudicar al prójimo.  

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